Administrador Famae No hay comentarios

 FAMAE: la empresa más antigua de Chile, cumple 210 años al servicio del país

     

Este 08 de octubre se cumplen 210 años desde la creación de las Fábricas y Maestranzas del Ejército, la empresa más antigua de Chile y la quina más longeva de Sudamérica.

FAMAE, creada en el 1er Gobierno de José Miguel Carrera el año 1811, por analogía no solo tiene el record de ser la compañía más antigua de Chile, sino que ostenta una serie de hitos que han sifo fundamentales en la historia de nuestro país.

*Pionera en Chile en incorporar a la mujer en el trabajo remunerado.

*Fue la primera empresa en Chile y Sudamérica en incorporar energía eléctrica a sus instalaciones y procesos fabriles.

*Creadora del primer motor a vapor para locomotoras y ferrocarriles.

*Fabricó las primeras máquinas de lavar eléctrica y de coser en Chile.

*Publicó el primer reglamento de seguridad industrial y de relaciones empresario- trabajador.

*Fue precursora en implementar la jornada laboral de 8 horas.

FAMAE lanza al mercado los primeros cohetes ensamblados en Chile, con propelente sólido fabricado en sus instalaciones.

Para entender la importancia de FAMAE en el desarrollo industrial de Chile debemos entender su historia.

La tradición nos cuenta que antes de la decisiva Batalla de Maipú, las Fábricas repararon fusiles y cañones, fabricaron armas blancas, prepararon balas y cartuchos, y montaron 22 piezas de artillería que, el 5 de abril de 1818, dieron el triunfo a las armas patriotas y consiguieron la definitiva independencia de Chile.

El siguiente desafío de la Maestranza fue proveer de armas y pertrechos a la expedición Libertadora del Perú, conformada con parte del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile. Para ello, el gobierno agregó a FAMAE la antigua casa fábrica de pólvora de Santiago y separó las funciones de producción de las de distribución y venta, siendo pionera en esta concepción fabril en el país. Así, se dictó un decreto que establecía: “Habrá en la capital del Estado una oficina con el nombre de Maestranza, destinada al sólo objeto de trabajar en ella cuántos útiles y aprestos militares necesiten los ejércitos de la Nación”.

El nuevo organismo quedó bajo el cargo de un superintendente, quien podía vender cureñas, vestuario, fusiles, etcétera, aunque cada negocio debía ser autorizado por el gobierno. Asimismo se separó la Sala de Armas o Arsenal del trabajo de armería y, además, se estableció un novedoso régimen de organización por gremios de trabajadores, con un maestro mayor a cargo de cada uno de ellos.

Un hito en el desarrollo de la Maestranza fue haber fabricado y dotado de cohetes a la primera Escuadra Nacional, incorporando a su quehacer una vocación industrial por el desarrollo de tecnologías avanzadas, lo que ha sido una constante a través de su historia.

Cuando estalló la revolución de 1829, la Maestranza apertrechó al Ejército Constitucional y, más tarde, al Ejército Restaurador que derrotó a la Confederación Perú-Boliviana, para lo que desarrolló una planta en Valparaíso, que proveyó las necesidades de la Escuadra y del Ejército en campaña.

Durante la Guerra contra España de 1866, Chile advirtió que tenía a sus puertos y ciudades costeras en una gran indefensión y resolvió fabricar los cañones necesarios para la protección del litoral. Con tal propósito, la Maestranza abrió una planta en la ciudad de Limache, la que, además de material bélico, debía producir herramientas para la agricultura y la industria, el nuevo establecimiento fabricó máquinas para atascar cáñamo, locomóviles para aserraderos, arados, sembradoras de trigo, prensas para pasto, turbinas, molinos de trigo y motores a vapor, siendo un verdadero y efectivo instrumento impulsor del desarrollo nacional.

Con anterioridad a la, que volvería a poner a prueba a la fábrica nacional de armamentos, correspondió al Coronel Erasmo Escala dirigir la Maestranza por dos períodos consecutivos, entre 1861 y 1870, mejorando su producción.

En plena guerra Guerra del Pacífico, se pusieron en funcionamiento varios talleres que estaban en receso para mantener modernos cañones “Armstrong” que el gobierno adquirió en el extranjero. Durante este período, se reorganizó el taller de municiones de la fábrica de cartuchos, para satisfacer las necesidades de la guerra, llegando a producir 13.000 cartuchos diarios.

Otra tarea a la que debió abocarse la Maestranza, fue a la homologación de municiones para el muy variado armamento que disponía el Ejército y la Armada, más aquel que era capturado en combate, entre los que destacan los cañones de montaña “White” y “Grieve”, y las ametralladoras “Gardner” capturadas en Tacna y Arica, que luego serían replicadas en Chile. También, a la Maestranza se confió la maquinaria adquirida a la casa Gavelot de Francia, para la fabricación de cartuchos metálicos. No escasa parte del éxito militar de Chile en la guerra de 1879-1884 se debe a la eficiente labor cumplida por nuestra fábrica de armamentos.

Después de la Revolución de 1891, el gobierno envió a Alemania a seis de los mejores profesionales de la Maestranza, mecánicos, armeros y técnicos, para que siguieran cursos de especialización y perfeccionamiento, lo que tuvo consecuencias muy positivas. Era el momento de asumir una visión estratégica para el desarrollo industrial del país y la Maestranza –junto a la Escuela de Artes y Oficios, a las Maestranzas de ferrocarriles, a la incipiente minería industrial y a la emergente actividad metalmecánica– tomó un lugar preponderante en este proceso, liderando en el área de la fundición industrial.

En este período, la fábrica de armamentos dio nuevos pasos en su desarrollo, destacando entre ellos la incorporación a todas sus dependencias de producción la energía eléctrica –que entonces se estaba aplicando en forma limitada en la capital en algunas dependencias estatales– la creación de una escuela de armeros, modernos polvorines y la construcción de un polígono para efectuar las pruebas de armamentos.

Al iniciarse el siglo XX, la Maestranza había ampliado notablemente sus funciones fabriles, incorporando tecnologías de punta de aplicación dual, es decir, de uso tanto militar como civil. A la adaptación para Chile del fusil Máuser, de origen alemán en 1895, siguió un significativo incremento en la variedad y calidad de pertrechos militares, que llevaron al Ejército a alcanzar un óptimo nivel de equipamiento, justo en momentos en que el país enfrentaba una crítica situación vecinal con Argentina.

En 1924, la Fábrica y Maestranza del Ejército, FAMAE, experimentó un gran cambio cualitativo como consecuencia de la dictación de la Ley N° 4.043, que le concedió personalidad jurídica propia y la autorizó para que, sin perjuicio de sus funciones como fábrica militar, pudiera producir y comercializar toda clase de maquinarias, herramientas y artículos de su producción, aprovechando toda su capacidad instalada.

Durante la gran depresión de la década de 1930, FAMAE lideró en Chile el desarrollo de la industria pesada, junto con Ferrocarriles del Estado y con los Astilleros de la Armada, en Valparaíso y Talcahuano.

Fue el tiempo de la fabricación de variadas herramientas agrícolas; y también del establecimiento de una imprenta, en la que FAMAE publicaba la revista “El Obrero Industrial”, que fue un exponente señero de la relación trabajador-empresario y de ambos con la sociedad, innovación en la que fue pionera en Chile la fábrica militar.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, FAMAE desarrolló la producción de artículos electrodomésticos diversos, así como de otros que, habiendo nacido con fines militares eran susceptibles de ser adaptados a la vida cotidiana. Así, surgió un prototipo de máquina de coser eléctrica, la primera lavadora eléctrica construida en Chile y herramientas variadas, todo lo cual era exhibido y comercializado en una sala de ventas al público.

Tras una nueva modificación de su ley orgánica, FAMAE dio vida a un Consejo de Administración, dispuso de capital propio, otorgó mayores facultades a su director y se adecuó mejor a las condiciones del mercado. Ello le permitió asociarse a firmas extranjeras y nacionales, como lo hizo, por ejemplo, para la fabricación de instrumentos ópticos de excelente calidad, en cooperación con empresas alemanas.

En 1956, FAMAE puso en el mercado una escopeta de caza calibres 16 y 20, registrando la marca “PUMA” y poco después una escopeta zorzalera cal. 36 –aprovechándose para ello los cañones de fusiles Mauser fuera de servicio– las que tuvieron una excelente aceptación entre cazadores y deportistas.

En 1976, se disparó el primer proyectil de artillería, de 105 mm, fabricado en Chile, en el Campo Militar de Peldehue; y que ese mismo año se inició la fabricación de minas submarinas, de nuevos tipos de bombas de aviación, de minas antitanques, del montaje de morteros calibre 120 mm, de carros sembradores de minas, y otros artificios militares.

En marzo de 1986 la Planta SIG entrega su primer lote piloto de fusiles. Ese año se inaugura, también, el Polígono Subterráneo. La Planta SIG del Departamento de Armamento produce mil unidades del fusil SIG 542, calibre 7,62 mm, paralelamente se inician los estudios de fabricación de cohetes.

En 1987,  las Fábricas y Maestranzas del Ejército adquirieron la licencia de MOWAG para la fabricación del carro Piraña 8×8, siendo el primer blindado a ruedas fabricado en Chile. En esa oportunidad, se entregaron 22 unidades al Ejército de Chile, utilizadas hasta el día de hoy.

Ante la necesidad de proveer al Ejército de artillería de largo alcance, en 1983 se inició el estudio de un ambicioso proyecto científico tecnológico, como fue el llamado “Proyecto Rayo”. El 11 de octubre de 1991, en la Pampa de Tamarugal, se disparó, por primera vez y desde una plataforma fija, este cohete de artillería tierra-tierra, el que llenó todas las expectativas, con un alcance final de más de 45 kilómetros. La experiencia desarrollada ha permitido a FAMAE, desarrollar al presente, toda una nueva familia de cohetes y misiles de uso táctico, de corto y mediano alcance.

En 1990 comienza la modernización para producir munición, posteriormente se realizan nuevas adquisiciones de maquinarias que permiten a FAMAE abastecer no tan sólo al Ejército de Chile sino también a otras ramas de las fuerzas armadas. Esta actividad se complementa en el año 2005 y 2016, ampliando su capacidad productiva a los calibres 5,56 mm, 7,62 mm y 9 mm.

       

En la última década del siglo XX, FAMAE da el primer paso de su transformación, cuando debió concebir cómo se insertaría en las transformaciones mundiales del comercio de armas, impulsadas por la globalización y el fin de la Guerra Fría. La velocidad de los cambios en el nuevo debate estratégico, llevaron a FAMAE a replantearse por completo tanto sus procesos como sus misiones y objetivos.

Por años, las Fábricas desarrollaron armamentos que satisficieran las necesidades del Ejército, de manera que sus esfuerzos se centraban  en su rol de proveedor de materiales tradicionales, cuando lo que se necesitaba en las circunstancias emergentes era combinar dicha función con el desarrollo de nuevas tecnologías y servicios que permitieran a sus clientes –principalmente al Ejército– desenvolverse en los nuevos escenarios estratégicos y de cooperación internacional.

Es por ello, que ante la necesidad del Ejército de Chile de modernizar la fuerza terrestre, las Fábricas y Maestranzas del Ejército, a través de su “División de Mantenimiento de Sistemas de Armas”, participó en la implementación y adquisición de dos Batallones de Infantería Mecanizada para las Guarniciones de Iquique, Regimiento “Cazadores”, y Punta Arenas, Regimiento “Pudeto”. En ese entonces, FAMAE no imaginaba que en un futuro cercano sería el principal actor en el mantenimiento de los vehículos blindados de la fuerza terrestre, desplegándose a lo largo del territorio nacional en las principales Guarniciones del Ejército de Chile.

Con la incorporación a la fuerza terrestre de las líneas de material Obús M 109 CL y del Tanque Leopard 2 A4, el año 2007, el Ejército de Chile firmó un convenio marco con FAMAE, entregándole la responsabilidad del soporte logístico de este material, así como de los que con posterioridad agregara la Institución. Es en ese instante que FAMAE comienza su camino en el sostenimiento del Material Acorazado, formando parte integral del sistema de Mantenimiento del Ejército de Chile.

Con seis CMIFs y un Subcentro de Mantenimiento Industrial FAMAE (SCMIF) en Puerto Natales, las Fábricas ha aumentado y desarrollado sus capacidades industriales en la recuperación de vehículos acorazados, sistemas y subsistemas operativos de los mismos. Además, se han agregado nuevas capacidades como la Recuperación de Sistemas de Rodaduras (Antofagasta), Taller Motopropulsor (Talagante) y las áreas de electrónica, optrónica, sistemas de comunicación a través del Centro de Mantenimiento de Electrónica Optrónica y Telecomunicaciones (CMEOT) en Talagante y un Taller Electrónico en Pozo Almonte.
       

Así FAMAE ha cubierto las necesidades y requerimientos de la Institución, emplazando sus CMIFs en lugares estratégicos y cercanos al lugar de empleo del material, con una consolidada infraestructura, talleres especializados y personal altamente calificado en los diferentes sistemas de armas.

A nivel de producción de armamento,  FAMAE el 2014 participó del proyecto “Esparta” en conjunto con la empresa, Israel Weapon Industries (IWI), dotando a toda la fuerza terrestre con el nuevo fusil Galil ACE 22NC, esta alianza consideró la fabricación de las cuatro piezas más importantes del fusil y el armado del arma.

Así, fiel a su espíritu, FAMAE ha sabido adaptarse a las distintas situaciones  y escenarios, viendo en las amenazas una oportunidad para reinventarse, convirtiéndose en una empresa precursora y visionaria a lo largo de la historia.

Fuente: Extracto del Libro “Historia Bicentenaria de FAMAE”.